Una producción que, en el Día D, estuvo muy por debajo de las expectativas de un show de primer nivel y de concurrencia masiva, con cambios de último momento, demoras y otras falencias; finalmente fue salvada por la impecable presentación de Luis Miguel, quien supo enfrentar las fallas con actitud, talento, paciencia y una sonrisa en todo momento.
Desde el lanzamiento de la preventa de entradas en septiembre pasado, los seguidores de El Sol de México iniciaron una larga espera por ver un espectáculo de primera, pero por el que hubo un gran esfuerzo económico para asistir, sin embargo, artistas de la talla de Luis Miguel, lo valen.
La fecha anhelada llegó con un pronóstico -desde inicios de semana- de una máxima de 40ºC, pero afortunadamente, sin probabilidades de lluvia que empañen el evento programado en La Nueva Olla. Pese a esto, hubo una serie de comunicaciones y cambios de último momento de parte de los organizadores.
Hasta un día antes se hablaba de las 22:00 como horario del recital y de las 19:30 para la apertura de portones. Sin embargo, horas después, Garzia Group avisaba que se podría acceder desde las 17:30. Pese a esto, ya durante la tarde volvían a emitir otro comunicado de último momento, informando que se permitiría el ingreso desde las 19:30 debido a “las altas temperaturas”
Esto hizo que, quienes llegaron temprano perdieran su tiempo y que, además, se comience a generar una extensa fila que llevaba cuadras y cuadras por barrio Obrero. A ello se suma que, incluso llegado el horario de las 19:30, no se abrió ningún portón ni se explicó qué sucedía.
La incertidumbre y la falta de información son una pésima combinación, ni qué decir si a ello se agrega un clima extenuantemente caluroso e informales que ofrecían “pase directo” (sin fila) por G. 15.000 y G.20.000 en complicidad con los guardias. Recién cerca de las 20:30 empezaron a permitir el paso a cuentagotas y fue allí donde todo se desordenó. El ingreso se hizo interminable, incluso ya sobre la hora marcada para el show.
Mientras los de adentro aplaudían pidiendo que empiece el espectáculo, grandes masas continuaban ingresando y otras muchas seguían en las adyacencias del estadio.
Finalmente, a las 22:20 exactamente, en perfecta combinación con las pulseras LED entregadas en la entrada y manejadas por el equipo del artista, el esperado cantante salió al escenario y dio inicio al concierto con clásico No culpes a la noche.
Amor, amor, amor y Suave mantuvieron la línea de éxitos movidos, con los que Micky paseó por todo el escenario e hizo vibrar a su público.
Los recuerdos del capítulo de su bioserie en donde reveló que le fueron infiel volvieron a la mente con Culpable o no. Todo marchaba de maravillas y la siguiente canción, Te necesito, también arrancó suspiros y gritos hasta que, al cumplirse un minuto de la interpretación, un ruido extraño y un apagón en el escenario, incluyendo las pantallas, interrumpieron la magia.
En ese momento, sorpresa, incertidumbre y hasta un temor de que todo hubiera acabado inundaron a los presentes. Los minutos pasaban, pero seguía intacto. En un instante, incluso los músicos abandonaron el escenario, lo que agravó la preocupación. La gente aplaudía y coreaba el nombre de Luis Miguel e incluso un sector cantaba La incondicional, todo esto, buscando dar apoyo al cantante y evitar que lo invada la ira y se marche.
Afortunadamente, a los 13 o 14 minutos, todo volvió a la normalidad y el artista empezó Te necesito de cero. Lo hizo con una sonrisa y con muy buena onda. Para perder pronto de vista el problema, la introducción instrumental de Hasta que me olvides generó los gritos al unísono del público.
Otro clásico de clásicos es Dame con el que prosiguió la velada, que luego ingresó a una fase más romántica con los boleros Por debajo de la mesa, No sé tú, Solamente una vez y Somos novios.
Un hombre busca a una mujer transportó a épocas doradas de la juventud de Luis Miguel, quien, además, incluyó en su repertorio un homenaje póstumo a Michael Jackson y Frank Sinatra (Come fly with me), mediante la interpretación de los duetos que llegó a hacer con ambos.
Algo que en su anterior visita faltó y que, esta vez estuvo presente y le dio realce al espectáculo es la llegada del mariachi. Con ellos, luego de una primera demostración con “La fiesta del mariachi”, el estadio retumbó al son de los instrumentos que avisaban del inicio de La bikina. En esa línea, también incluyó La media vuelta.
Tras la seguidilla de temas, el romanticismo volvió con Fría como el viento y Tengo todo excepto a ti.
La noche avanzaba lentamente hacia su final y trajo consigo un popurrí de No me puedes dejar, Palabra de honor y la Incondicional. Pero no terminó allí, pues quedaba otro mix de movidas con Ahora te puedes marchar, La chica del bikini azul, Isabel y Cuando calienta el sol, mientras varias pelotas gigantes con la inscripción Luis Miguel rodaban entre el gentío.
Exactamente a las 00:20, dos horas después de su primera canción, Luis Miguel cerró su presentación en Paraguay con un público satisfecho con su repertorio y con la suficiente algarabía para olvidar los malos momentos vividos con la organización en los instantes previos al evento, principalmente.
En sus dos horas de recital, descontando unos 13 minutos de apagón, Luis Miguel utilizó la comunicación mayormente gestual, incluyendo los saludos y la interacción en cada canción. De tanto en tanto, soltaba frases cortas como la clásica “¡cómo dice!”. Pese a prácticamente obviar lo verbal, sus miradas y sonrisas bastaron para cautivar a sus fans y para dejarlos más que conformes. Con esto, Luis Miguel no solamente dio un alivio a la gente, sino que salvó a la mala organización del evento.









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