Se merecen nuestro amor de enero a enero, pero no por ello está demás tener una fecha para rendirles un homenaje especial y hacerlas sentir valoradas. Ellas son las madres, seres de luz, capaces de levantarnos de las más oscuras tinieblas, incluso cuando ellas necesitan de esa iluminación.
Que te suceda algo bueno y correr a contárselo o que las cosas no anden bien y sea ella misma quien, anticipadamente se dé cuenta de que algo te sucede. Estas situaciones son frecuentes en quienes tienen la dicha de ser hijos de una buena madre y saben que su rol es irreemplazable.
Este pensamiento siempre lo compartí, aunque sin dimensionar su significado en carne propia, pues, en la vida, muchas acciones parecen automáticas, desde lo que decimos, hacemos o disponemos, todo se ve tan normal mientras allí esté. Esa normalidad nos cubre los ojos e impide que veamos la inmensidad de los hechos.
Por eso hoy quiero dedicarles unas líneas a las mamás que están un poco más lejos, en especial a la mía, y decirle que hasta hoy no termino de dimensionar la infinidad de su amor. Recordando cosas que hacía por mí desde pequeña, sin importar lo cansada que pudiera estar. Reflexionando sobre todo lo que me inculcaba y cómo intentaba prevenirme de los peligros de la vida.
Viendo cómo se preocupaba cuando me notaba sobrecargada de tareas o responsabilidades, con frases como “me preocupás, mi hija, descansá un poco tu mente y tu vista”. Pero todo se compensaba con un abrazo suyo o con momentos a su lado. Una merienda en casa, un café en el shopping, una tarde de compras, lo que sea, con tal de que sea con ella.
Hasta hoy recuerdo el último Día de la Madre. El mensaje que te dedicaba en plena pandemia, diciéndote que pronto volverían nuestras salidas que tanto te gustaban y agradeciéndote por ser mi oyente, amiga incondicional, compinche y consejera.
Vos que tampoco la tenés más en la Tierra, seguro te sentirás identificado con algo y sabrás que, revisar las redes sociales o salir a la calle un 15 de mayo, inevitablemente te traerá nostalgia, al punto que resulta preferible no mirar nada y ahuyentar a esos pensamientos.
Sin embargo, por mucho que huyamos de ellos, allí estarán al final del día o algún instante de la semana o del mes.
Queridas mamitas que hoy están un poco más lejos. Sepan que desde que partieron, la vida nunca volvió a ser la misma y un pedazo de nuestra esencia se fue con ustedes, pero sepan también que si seguimos adelante es en honor a ustedes, que nos enseñaron todo, menos a vivir sin ustedes y sin el amor y el soporte que representaban para nuestra vida. No olviden por favor visitarnos en nuestros sueños e inyectarnos un poco de esa fuerza que solamente ustedes pueden darnos.
Un beso que llegue al firmamento, donde con su brillo, opacan a otras estrellas. Seguiremos unidas por el lazo sagrado e inmortal del alma hasta que nos volvamos a encontrar.









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