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Reutilizar el aceite, lavar al pollo y otras costumbres,¿saludables?

Hablar de nutrición y salud no se limita a saber qué consumir, sino también a las normas básicas de preparación de los alimentos, desde lo más simple, pero indispensable como lavarse las manos antes de empezar.

Para preparar frituras como milanesas, empanadas o un huevo frito, las abuelas acostumbraban a conservar en un frasco el aceite utilizado en la preparación anterior. Con esto, evitaban comprar este producto con tanta frecuencia. Este hábito lo transmitieron a sus siguientes generaciones, muchas de las cuales, conservan la “tradición”, más allá de la discusión sanitaria.

Consultamos con el nutricionista Antonio Danei acerca de las consecuencias de esta práctica.

Al recalentar el aceite, se producen sustancias como aldehídos, peróxidos y compuestos polares que pueden ser cancerígenos. El reciclaje de aceite de cocina puede tener consecuencias negativas para la salud. Cuando la reutilización se repite demasiadas veces, la cantidad de recalentados lo descompone y forma compuestos tóxicos que pueden ser perjudiciales para el organismo.

Otra costumbre tanto de quienes cocinan, como de quienes solicitan la comida con estas características, es la carne o los embutidos quemaditos a la parrilla, por considerar la pequeña costra una delicia.

Cuando la carne o los embutidos se queman, se generan reacciones químicas que dan origen a sustancias dañinas para la salud. Con el tiempo se pueden asociar a la aparición del cáncer. El consumo frecuente puede aumentar el riesgo a largo plazo. Lo ideal es cocinar la carne a temperaturas moderadas y evitar que se queme.

Otra eterna discusión es la técnica de descongelado, sea de carne vacuna o de pollo. En el afán de acelerar el proceso, algunos optan por dejar la carne en agua. Otros, la lavan antes de ingresarlas al microondas y presionar el botón de descongelamiento.

Sin embargo, no se recomienda lavar la carne cruda. Al lavarla, se pueden propagar bacterias a otras superficies, utensilios y alimentos en la cocina, explicó Danei y señaló que, descongelar en la parte baja de la heladera es el método más seguro. Se debe colocar la carne en un recipiente en la parte inferior de la heladerar para evitar la contaminación de otros alimentos.

En cuanto a las ensaladas, el condimento añadido varía mucho de acuerdo al gusto de cada uno: algunos optan por vinagre, otros por aceite o limón, en tanto, otros por abundante sal o mayonesa, pero ¿qué hay del aceto balsámico?

El uso de aceto balsámico en ensaladas puede ser beneficioso debido a su intensidad realza el sabor de las ensaladas, promoviendo una reducción del uso de la sal. Se deben evitar aquellos que contengan agregado de azúcar.

También se pueden usar el vinagre y el aceite de oliva, este último posee propiedades antioxidantes que ayudan a la prevención de enfermedades. En cuanto a la sal, es importante no excederse en las cantidades. Se puede utilizar la sal marina, que, gracias a su intensidad, se necesita menos cantidad para dar sabor a las ensaladas.

Como ítem extra y por su carácter permanente de moda entre quienes, en su desesperación por la lucha contra el cáncer recurren a internet en busca de milagros fuera de la medicina, hablamos de la dieta alcalina.

La dieta alcalina es un plan que se basa en el concepto de que ciertos alimentos pueden llegar a alterar el pH de la sangre y crear un ambiente menos ácido en el cuerpo, lo que, eventualmente podría prevenir el cáncer. Esta teoría ha ganado popularidad en ciertos círculos, pero carece de una base científica sólida.

Se asocia a la idea de que las células cancerosas crecen en un ambiente ácido y que, al alcalinizar el cuerpo a través de la alimentación se podría crear un entorno desfavorable para su crecimiento.

Es un mito debido a que el organismo posee mecanismos para controlar los niveles del pH de la sangre y la alimentación, por sí sola, no puede alterar ese equilibrio. La comunidad científica concluye que no existe evidencia que respalde las afirmaciones sobre la dieta alcalina y el cáncer.

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